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Mostrando entradas de octubre, 2020

Before die...

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  Quiero latir en semitonos, ser la nota discordante, la tensión que arruga tu frente, la escala irrepetible a la velocidad incalculable, viajar aunque con fusa, encontrarte en los silencios y es que....antes de morir solo quiero respirar tu música.           Lucía Gopal

Invierno

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He encontrado mi espacio en el tejado, después de titubear en el alfeizar de la ventana, y tener varios amagos de lo que sería el vuelo inconsciente de un pájaro. Es agosto, y como de costumbre ha nevado. Los ventanales juegan a encender y apagar luces en su dialecto noctámbulo.  Patrick ha vuelto a poner “La vie en rose”, y la melodía baila con el rumor de la noche, mientras él imita a un eufórico Louis Armstrong Dos ventanas más al sur, Cécile, lee ensimismada las aventuras de Jules Verne bajo la lámpara de carburo que le regaló su abuelo en su octavo aniversario. Froto mis manos que se hielan en este fría noche de agosto y miro al cielo que ha prometido pintar su lienzo de perseidas y otros astros. No se cuanto tiempo estaré aquí, pero he decidido esperarte, quizás hasta que las luces duerman, quizás hasta que el  sol caliente de nuevo en este invierno de verano.                                 ...

Remi

  Hacía muchos años que no veía a Remi, un viejo amigo de la infancia, corresponsal de guerra, que fue jubilado por una bala de 45mm. mientras cubría el ataque de los pacíficos sobre la población que estaba desorientada y un poco tensa.  Aquella noche en el café, la tertulia era embriagadora, como el tinto que se mecía en la copa de vino. El vapor de las palabras se mezclaban con la danza de humo del cigarro que reposaba plácidamente en el cenicero de plata.  Remi relataba la revuelta Mau Mau y como se había hecho pasar por un miembro de la etnia Kikuyu, cuando sacó de su bolsillo recortes de periódico que dejó caer sobre la mesa. Papeles arrugados por el poco espacio que le concedía aquel monedero de chaqueta, pero que mantenían intacto el color azabache de la tinta.  Entre titulares y anuncios, observé que también había alguna necrológica, en la que, con asombro, acerté a leer mi nombre.  La noche se cerraba, apagando las luces del café y encajando las sillas ...