La casa azul
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Sintió que se acercaba con sus lonas de esparto y el paso fúnebre del fin de la jornada, las manos deshechas de la azada, y la frente marchita de secarse el sudor.
Observó como se detenía ante la ropa tendida que permanecía exhausta e indiferente al viento, mientras inhalaba el aire fresco que anunciaba la tarde.
Abrió su puerta a aquel que un día decidió ponerle tejas al cielo y pintarla de azul vida, de azul esperanza.
De azul libertad.
Dentro, un remolino de inquietos sueños le esperaban revoloteando como una polilla queriendo atrapar la luz.
Se descalzó la melancolía y sus lonas de esparto, cruzó el umbral de sus miedos y se volvió etéreo en el universo de la casa azul.
Lucía Gopal (Foto: Desirée Hdez)

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